La privacidad en tiempos de las 5 fuerzas, y no son las de Porter

4 Empresas de USA dominan el mercado más rentable y atractivo, más incluso que el petróleo, es el mercado de los datos, las 4 empresas son Google, Facebook, Amazon y Microsoft, siempre incluyo una 5ta y oriental, Alibaba, y podríamos pensar en una 6ta, Apple.

Estas 4 dominan nuestros datos, si queremos un correo “gratuito” pensamos en Gmail de Google o Outlook de Microsoft, si andamos por una ciudad nueva usamos Maps o Waze de Google, si tenemos una red social o usamos una red de mensajería instantánea pensamos en un producto de Facebook, la misma red, Instagram o Whatsapp, si queremos comprar un libro o articulo electrónico pensamos en Amazon, incluso hoy venden hasta autos y si queremos algún producto barato o accesorio pensamos en Aliexpress de Alibaba, si usamos un Smartphone probablemente usaremos una versión Android de Google, toda nuestra interacción digital, nuestros datos e información giran en torno a estas compañías, y la concentración de poder que vemos cada vez más directa nunca es sana, se ve un futuro del tipo Elysium donde ciertos profesionales y empresas se ven beneficiados de todas las regalías digitales mientras el resto y gran mayoría pelea por las migajas, Facebook tiene ingresos superiores al PIB de más de 40 países y aumentando, quiere lanzar su propia moneda digital, Libra, Google quiere conceder Cuentas Corrientes a sus clientes, hablamos de un banco 100% digital y mientras algunos celebran la automatización de procesos, la interrupción de las IA y algoritmos o la llegada del 5G, otros vemos con preocupación el futuro de privacidad, algo que parece ser hoy un privilegio de algunos pocos afortunados.

Cambridge Analityc abrió la caja de pandora, Google y Apple reconocieron que transcribían nuestras conversaciones son sus asistentes digitales como, y es evidente que con Alexa, Bixby, y otros ocurre lo mismo, entonces si nos escuchan, aunque puntualizan que solo transcriben la conversación con el asistente para enseñarles y no el resto de las conversaciones es difícil creerles, Facebook fue acusada de usar la cámara frontal de nuestros celulares cuando usábamos la aplicación sin nuestro consentimiento, Google recolecta sin permiso información de fichas de salud de miles de pacientes de un centro médico en USA, Samsung reconoce que espiaba a sus clientes de Smart TV, una app del tiempo fue acusada por el estado de California por vender sin informar a sus clientes la información de geolocalización de sus usuarios que concedían acceso al gps para saber el tiempo, es claro, cuando algo es gratis, nosotros somos el producto y podríamos seguir casi interminablemente con los escándalos.

Las 3 últimas generaciones más jóvenes consumidores de la sociedad Netflix no siempre entienden la perdida de privacidad que viven, todo lo que un usuario hace, dice o piensa en la sociedad Netlfix queda registrado en un lugar, sin derecho a olvido, en esta era de los datos y la información, dinámica y liquida, es difícil mantenerse libre de ser parte de una métrica, pensemos en jóvenes alternativos que confiaron en Tumblr, esta primero fue comprada por Yahoo y hoy por WordPress, quizás con qué fin, esta información sensible de conducta paso de mano en mano y en quien confió ya no está ni a la cabeza ni involucrado en la compañía.

Cada vez que usamos Arbnb, Uber, Facebook, Google, etc, estas aplicaciones están recabando una tremenda cantidad de datos personales como geolocalización, datos de tarjetas de crédito, correo, número de teléfono que pueden poner en riesgo la seguridad de quien los entrega, pensemos solo en las grandes filtraciones de fotos y videos de los famosos de sus cuentas iCloud, no siempre estamos conscientes de toda esta información sensible y como esta puede afectarnos a futuro, muchos creen que no pasa nada por entregar datos, dar permisos aceptar términos y condiciones sin leer antes, registrarse o descargar una aplicación, y muchas veces estas compañías abusan de la buena fe de las personas, y seamos sinceros, muchas veces nosotros los profesionales de marketing o dueños de empresa también hacemos uso de estos sesgos cognitivos para explotarlos en beneficio propio, seamos transparentes que en una sociedad hypercontectada las consecuencias pueden ser catastróficas para todos.

Si tenemos una posición ventajosa o de plano superior, debemos actuar de forma justa con aquel que tiene peor posición que la nuestra.

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Cómo cambiarán las tecnologías disruptivas la Economía, la Sociedad y el Estado

Agradezco Profundamente al gran Alfredo Barriga por compartir este excelente articulo conmigo y permitirme publicarlo.

 

En julio del 2013 publiqué un breve artículo sobre el informe de Mc Kinsey Global Institute “Disruptive technologies: Advances that will transform life, business, and the global economy“, donde además de enumerar las tecnologías disruptivas calculé que el impacto económico sería de entre 1 y 2 veces el actual PIB de Estados Unidos, y señalé algunos pocos ejemplos. Me faltó mucho más que comentar, y pasados estos meses – donde, una vez más veo como esas predicciones se van cumpliendo a un ritmo incluso mayor que el previsto – quisiera traer a colación los efectos que estas tecnologías van a traer sobre la economía y sobre la Sociedad. Efectos que muestran con mayor fuerza cómo estamos saliendo de la Sociedad Industrial y estamos entrando de lleno en la Sociedad del Conocimiento. Efectos que muestran donde están las oportunidades y los desafíos de economías como la chilena, fuertemente ligada a la explotación de recursos naturales.

El PIB ya no mide la riqueza

Una de las consecuencias más importantes de la irrupción de las nuevas tecnologías disruptivas tiene que ver con la medición del Producto Interior Bruto (que expresa el valor monetario de la producción de bienes y servicios de demanda final de un país (o una región) durante un período determinado de tiempo (normalmente un año). El cálculo del PIB se hace a partir de la valoración de todos los productos y servicios que produce una economía en un año. El PIB no contabiliza por lo tanto el llamado excedente del consumidor (que se define como la ganancia monetaria obtenida por consumidores toda vez que pueden comprar un producto en un precio definido por el Mercado que es menor que el precio más alto que están dispuestos a pagar). Nunca antes en la historia había ocurrido que dicho excedente fuera del 100% sobre el precio del mercado debido a que el precio de mercado es cero. Y eso es lo que está trayendo la Economía en Internet. 

Por ejemplo, tomemos el caso Kodak, que recientemente quebró. La valoración de lo que Kodak producía (rollos de película para fotos) fue desmaterializado por las cámaras digitales. El valor de dicha producción (que entraba en el PIB) ya no aparece, puesto que las fotos no quedan en el film, sino en dispositivos digitales. Para entender las implicaciones de este fenómeno, imaginemos que en un país solo se consume fotografía. Su PIB medido con los medios tradicionales desaparecería (no hay rollos de película), y sin embargo, las fotografías siguen existiendo (de hecho, la evidencia empírica muestra que han aumentado exponencialmente, debido a que el costo del material sobre el cual va la foto tiene un costo marginal ínfimo, aumentando la demanda). ¿Pero, desapareció el PIB? 

Otro ejemplo: el caso de los smarphones. En un smartphone hay un teléfono, una cámara de fotos, una cámara de video, un equipo estéreo, un GPS, un reloj con alarma, una consola de juegos, un computador para navegar por Internet y manejar correo electrónico, y un acceso a un sinfín de contenidos gratis (revistas, prensa, películas, libros, cursos de formación…). Antes de que existiera el iPhone (o sea, hace escasamente 6 años), todos esos productos y servicios tenían que ser manufacturados, y por lo tanto tenían un precio que se contabilizaba en el PIB. Ahora no tienen dicho precio. Lo único que se contabiliza en el PIB es el precio del smartphone y el precio mensual de plan de telefonía móvil. ¿Se “destruyó” PIB? Contablemente puede que sí, pero funcionalmente, no. Los bienes y servicios siguen existiendo, incluso con mayor valor agregado que antes. Los productores de esos bienes y servicios de sustitución cobran por ellos, directamente o indirectamente (vía publicidad en el caso de muchas aplicaciones y la mayoría de los contenidos a los que se accede desde el smartphone). La diferencia se traspasó 100% como excedente del consumidor, que no se mide en el PIB. 

Por supuesto, la pregunta del millón es qué pasa con ese valor. ¿Puede una economía sostenerse sin cobrar nada por sus servicios y productos? La respuesta es obviamente que no. ¿Donde está el valor entonces? Cambió de naturaleza y de lugar. En otro informe de Mc Kinsey (Internet matters: The Net’s sweeping impact on growth, jobs, and prosperity) se muestra cómo la Economía de Internet es, desde hace muchos años, de lejos la más pujante del planeta, creciendo a dos dígitos año tras año, superando el PIB de Canada en apenas 20 años de existencia, y creando 2,6 puestos de trabajo por cada uno que destruye. El PIB medible está en la producción de servicios y productos de esa nueva economía, que es capaz de crear -paradójicamente – mayor riqueza con menos dinero, debido a la reducción exponencial de costos de producción y a la creación de un mercado global de 2 mil millones de consumidores al cual se tiene acceso inmediato. En definitiva, en Internet el PIB no mide la “calidad” de riqueza y bienestar creados por actividades económicas, puesto que con un PIB mucho más bajo se puede tener un bienestar mucho más alto, debido al costo de los factores, exponencialmente más bajos. 

En la medida en que la Economía en Internet en un país sea una proporción mayor de la economía total del país, se puede dar por lo tanto la paradoja de que el PIB decline y sin embargo las personas vivan mejor. 

Esto no es solo lo relacionado con Internet, como lo demuestra el informe de Mc Kinsey sobre las 12 tecnologías disruptivas. Por cierto, todas esas tecnologías tienen una cosa en común: la disrupción consiste en que su aplicación da un resultado exponencialmente más alto que en la actualidad, con un costo exponencialmente más bajo que en la actualidad. 

Ello supone que los costos de salud, educación, energía, minería, transporte van a bajar sustancialmente, gracias a tecnologías como automatización de trabajos del conocimiento (una enorme cantidad de trabajo que hoy se hace por personas – incluso trabajos intelectuales – serán hechas por máquinas), Internet de las cosas (uso eficiente del agua y de la energía, salud remota), robótica avanzada (reducción de costos de manufactura, minas sin mineros, cirugía), vehículos autónomos (transportes sin conductores), genómica de siguiente generación (tratamiento de enfermedades, mejora en cosechas), materiales avanzados (nanomedicina, almacenamiento de energía, química mejorada) o energía renovable alternativa (generación distribuida de electricidad)

El trabajo dependiente es reemplazado por el trabajo independiente, y las actividades rutinarias se desagregan de los puestos de trabajo

La Sociedad Industrial creó de forma masiva el trabajo dependiente, porque el centro estaba en la fábrica, y para hacerla producir había que estar allí mientras estuviese funcionando. Para llevar a cabo las actividades se necesitaba la coordinación de muchas personas con un rol específico, que eran contratadas bajo un criterio de presencia en el lugar de trabajo para llevar a cabo dichas actividades. 

En la medida en que las labores presenciales se puedan automatizar, no es necesaria la presencia de las personas en el lugar de trabajo. Las nuevas tecnologías, por otra parte, están trayendo consigo una súper especialización del trabajo, por lo cual son cada vez más las actividades que pueden ser realizadas por personal que no está “en plantilla”, trabajando exclusivamente para una empresa. De hecho, el “sector” que más puestos de trabajo ha creado últimamente es el sector “autoempleo”. Si se tomara como un sector aparte, es el que más trabajo crea en una economía como la chilena, como ilustraba en otro artículo. Doy fe con mi propio caso de que esta es una opción fascinante. Hace tiempo ya que ni miro las ofertas de trabajo que me llegan. 

La automatización masiva de actividades productivas y administrativas, incluso de actividades de alta complejidad, van a cambiar la naturaleza del trabajo desde uno dependiente a uno independiente, con una gran creación de trabajo en actividades que hasta ahora no se hacían. ¡Los 10 trabajos más demandados en 2010 no existían en 2004!

En otro estudio de Mc Kinsey (“Help wanted: The future of work in advanced economies”) se concluye en los mismos términos: las tecnologías están cambiando la naturaleza del trabajo. En la medida en que las empresas redefinen cómo y donde las diferentes actividades se llevan a cabo, requieren de nuevas habilidades y de nuevas relaciones empleador-empleado. A pesar de los altos índices de desempleo, los empleadores tienen dificultades para encontrar trabajadores con las competencias que se requieren en la actualidad. La globalización está permitiendo a dichas empresas acceso a talento a menores costos, pero también a una creciente necesidad por trabajadores más cualificados. Los trabajos menos cualificados están desapareciendo debido a la automatización. Los trabajos que se crean en el sector manufacturero tienen más que ver con investigación y desarrollo, diseño de producto, ingeniería, y marketing. Se están “desagregando” los puestos de trabajo, separando actividades rutinarias que no requieren alta cualificación, las cuales se automatizan o reasignan a trabajadores especializados (Pág. 3). 

Va a haber traspasos de gigantescos pozos de valor desde industrias tradicionales hacia industrias emergentes

El caso de Kodak comentado arriba no es una excepción: en los últimos años varias industrias han sido víctimas de terremotos como el descrito, y en la medida en que estas nuevas tecnologías se desarrollen, más industrias tradicionales desaparecerán o deberán reinventarse. Esto es debido a que  las tecnologías crecen exponencialmente, mejorando productividad por una mayor creación de valor a un costo cada vez menor. 

Aparte de la industria de la fotografía, podemos citar los casos del sector de la prensa, la música, el cine, las telecomunicaciones, el turismo, el retail, las editoriales, o la banca. Y hacia un futuro no muy lejano, la educación, la salud, la minería, la biología, la química, la construcción, la energía, el transporte, los seguros, el Estado, y un largo etcétera. 

En todos los casos sucederá lo mismo: actividades que se hacían en la organización se automatizarán o se sacarán fuera de la misma, para ser realizados en otros países con menores costos. Los puestos de trabajo que se perdieron en la última crisis dentro de los países más desarrollados no se recuperarán: se fueron a países emergentes con mano de obra más barata. 

Las nuevas tecnologías están creando una nueva Sociedad con un nuevo papel para el Estado, la academia y la Sociedad civil 

Para administrar esta nueva “tecno-economía” será necesario contar con mucho talento, y muy especializado. No está claro que el actual sistema de educación superior tenga sentido en ese contexto. Se va a requerir personas formadas con nuevas habilidades y competencias, y de forma muy rápida. El sistema de acreditación de competencias en el cual se basa el actual modelo, orientado a certificar sobre una malla de conocimientos por parte de un monopolio (la Universidad) y que acreditan que alguien es “agricultor”, “ingeniero” o “arquitecto” dejará paso a una acreditación de cada competencia, que podrá o no ser hecho por una Universidad. De esa forma, las personas podrán generar una carrera personalizada a sus talentos y gustos. 

La noción de Estado-nación fue generada para un mundo cuya capa social estaba fuertemente ligado sobre la base de la territorialidad. Internet está destruyendo fronteras, no solo en lo que se refiere a actividades económicas, sino también sociales. Está emergiendo una conciencia de pertenencia global, aunque se manifieste virtualmente. Cada vez un mayor número de actividades quedan fuera de las fronteras del Estado, y por lo tanto, fuera del “contrato social” por el cual las personas transfieren soberanía al Estado. Eso plantea un enorme desafío hacia el verdadero rol del Estado a partir del siglo 21. 

La sociedad se está “aplanando” fuertemente. El acceso igualitario a información de todo tipo permite a la misma cuestionarlo todo, con argumentos de peso. Las nuevas tecnologías han acercado más a los gobernantes y los gobernados, pero paradójicamente ello le ha quitado poder a los gobernantes, que deben “bajar de su pedestal” para ponerse a la misma altura que los gobernados y ser objeto de un mayor escrutinio público. Se va a requerir de verdaderos líderes para la política en el futuro. Personas que sean capaces de inspirar y mover hacia objetivos compartidos por todos, muchos de los cuales los gobernados ni siquiera saben que necesitan. De lo contrario el tejido social, en la medida en que los gobernados tienen más poder, se puede resquebrajar y acabar en anarquía. 

Las políticas públicas deberán hacerse cargo de los nuevos desafíos. Así como en el Siglo 20 la prioridad fue el desarrollo industrial de las naciones, en el Siglo 21 va a ser el desarrollo y asignación eficiente del talento de las naciones. Curiosamente, hasta ahora el único político chileno que lo ha captado es un diputado Sub-35 que está en el bloque político opuesto al mío. Gabriel Boric dijo en un prorama de radio de que “el cobre del siglo 21 es el conocimiento”. Exactamente el punto que estoy trayendo a colación. Y es que lo de “derecha/izquierda” también será afectado en su raíz y perderá sentido en esta nueva etapa de la humanidad. 

Los economistas – y los empleadores – tendrán que aprender a medir variables que hoy no se miden

La economía y la administración de empresas ha evolucionado muchísimo desde que comenzó la revolución industrial, pero esa evolución se ha estancado desde hace tiempo. En general se trabaja con variables medibles, y lo que está sucediendo con la irrupción del conocimiento como factor de producción y de productividad es que las variables medibles ya no explican totalmente los fenómenos macro y microeconómicos. La incorporación masiva de las nuevas tecnologías acelerarán dramáticamente esa realidad, debido a que harán más patente que hay factores no medibles que son clave para la administración – sea de la economía o de la empresa.

“Ceteris paribus” como dicen los economistas, entre dos naciones o empresas con la misma infraestructura y stock de capital, será más competitiva la que tenga mayor creatividad. ¿Y cómo se mide la creatividad? ¿Cómo se mide el talento? 

Hace rato que los balances no reflejan el valor real de las empresas, especialmente de las más innovadoras. Dentro de un mismo sector, hay empresas con los mismos activos y pasivos que tienen un valor de mercado muy superior a sus competidores, gracias a su capacidad de innovación. Esa capacidad o “capital intelectual” es la parte más valiosa del valor de mercado de la empresa, pero no está en el Balance. 

Hay países emergentes cuyas economías han crecido más que países con más recursos, debido a su inversión en capital humano (que no forma parte de la “inversión bruta de capital”). En la medida en que el talento pase a ser “lo” relevante para el crecimiento económico y la creación de valor, será necesario incorporar la medición del mismo en los números tanto de las empresas como de las cuentas macroeconómicas. No hacerlo va a llevar a la mala toma de decisiones, porque éstas se tomarán con variables que no explican la creación de valor. 

Desafíos para los países de América Latina

La Sociedad latinoamericana es fuertemente jerarquizada, por lo cual el “aplanamiento” descrito arriba le va a afectar muchísimo. Basa su economía fundamentalmente en los bienes tangibles, mientras que la creación de valor vendrá por el lado de los intangibles. No tiene una cultura de desarrollo y retención de talentos. En suma, están mal preparados para los desafíos del siglo 21. Lo que es peor, no son conscientes de los desafíos del siglo 21. Siguen metidos en el siglo 20, buscando “alcanzar el desarrollo” bajo los paradigmas de la Sociedad Industrial. Piensan que está habiendo un cambio en las reglas del juego. No son conscientes de que lo que está cambiando es el juego mismo. 

El pueblo latinoamericano ha sido históricamente muy ingenioso, y eso es un activo de cara al siglo 21. Pero si ese ingenio no se canaliza hacia el desarrollo de talento, volverá a perder el tren del progreso, como ha sucedido en los últimos 200 años. 

Alfredo Barriga

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